Asociación de palabras

[Publicado en El Mañana de Nuevo Laredo. 11 de mayo del 2013]

En la ciudad de Washington, D.C., las dinámicas de conversación se asemejan bastante a un juego de asociación de palabras. Uno dice economía y el otro piensa en la lenta recuperación en los Estados Unidos o el reto que presenta el ascenso de China. Uno dice armas y el otro piensa en si es necesario o no restringir su acceso a los ciudadanos, debate intenso causado por la masacre de 20 niños y 6 adultos, semanas antes de Navidad, en la escuela primaria de Sandy Hook de la ciudad de Newtown, Connecticut.

Pero si uno menciona drogas o inmigrantes, la conversación inevitablemente se redirige hacia los vecinos del sur, a la violencia en México y a los 11 millones de indocumentados que actualmente viven en los Estados Unidos. De igual manera y desafortunadamente, la asociación que algunos mexicanos hacen con los Estados Unidos es de muros, discriminación y falta de respeto hacia la soberanía de nuestro país.

La verdad es que las percepciones que se tienen comúnmente entre los Estados Unidos y México son anticuadas y no reflejan las nuevas realidades de nuestra dinámica bilateral. Un número creciente de norteamericanos y mexicanos vemos la relación de nuestros países como una de iguales, con oportunidades y responsabilidades compartidas, una relación que requiere un cambio de tono y actitud hacia las políticas que buscamos impulsar.

Es por eso que la visita del presidente estadounidense Barack Obama a nuestro país es tan importante, porque los muros que dividen nuestros países son nada comparados con los muros mentales que hemos construido a lo largo de varias décadas. Y son precisamente estos muros los que atentan contra los procesos de reforma (migratoria, económica, energética, de seguridad) que ambos países buscamos lograr. Esto me recuerda a algo que dijo Obama en abril del 2009, escasos meses después de haber ganado su primera elección:

“No podemos enfrentar los retos de hoy con viejos hábitos y un pensamiento viciado. Mucho de nuestro gobierno fue construido para responder a los diferentes retos de una era distinta […] Es tiempo de cambiar fundamentalmente la manera en la que trabajamos en Washington. Para construir la nueva base del siglo XXI, debemos reformar nuestro gobierno para que sea más eficiente, más transparente y más creativo.”

Debates que podrán considerar de índole doméstico, las discusiones que se llevan a cabo en el Capitolio en Washington en torno al control de armas, el fortalecimiento del sistema financiero y la protección de sus fronteras son temas seguidos detenidamente por ojos y oídos mexicanos. Las reformas del Pacto por México en las áreas de educación y telecomunicaciones, con las pendientes en materia energética, económica y sociales son igualmente de interés al norte. Ciertamente, la velocidad con la cual varias de éstas han sido aprobadas por nuestro congreso ha sido motivo de envidia para su contraparte en los Estados Unidos, con un legislativo que se ha caracterizado por su lentitud y falta de acción. Ahora sigue la etapa de implementación.

En este juego de asociación que experimentan los Estados Unidos y México, las reglas deberán ponerse al corriente de los tiempos, ajustándose a las necesidades individuales y conjuntas de nuestros países. Así, sin importar a quién le hagamos la pregunta, mexicano o norteamericano, la primera asociación que se venga a la mente será una de amistad, cooperación y equidad. 

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