Y la justicia, ¿cuándo?

[Publicado en El Mañana de Nuevo Laredo. 27 de abril del 2013]

No es pregunta retórica: es una demanda, legítima y urgente, que como sociedad seguimos a la espera de una respuesta satisfactoria. Decía Shakespeare en una de sus comedias que el tiempo es el juez que interroga a los culpables; que juzgue el tiempo. Pero desafortunadamente, para las víctimas de los criminales – terroristas, genocidas o mafiosos, la búsqueda de la justicia se puede convertir en una odisea sin itinerario ni rumbo, con más interrogantes que respuestas.

La rapidez e imparcialidad en los procesos y el castigo razonable a los culpables son algunas de las métricas que deberíamos usar en nuestra calificación de la justicia. Si es así, entonces ¿qué tan rápido es rápido, y qué tan severo es razonable? Tomemos a un terrorista, un general y una maestra.

Dzhokhar Tsarnaev, co-responsable del ataque terrorista en la ciudad de Boston, le diría que todo ha sido bastante rápido. En menos de una semana, Dzhokhar (junto con su hermano Tamerlan) detonó dos bombas, mató a tres e hirió a más de 250 inocentes, fue perseguido y capturado, y ahora enfrenta el cargo de usar un arma de destrucción masiva. Es posible y probable que la fiscalía busque la pena de muerte. El veredicto dependerá en gran medida de la labor detectivesca que las distintas agencias realicen en las próximas semanas, buscando armar un rompecabezas con piezas distintas y distantes. 

En Guatemala, el General Efraín Ríos Montt le diría que su línea del tiempo se extiende casi 30 años al pasado y que a sus 86 años no sabe si pasará sus últimos días dentro o fuera de prisión. El caso es de particular importancia para América Latina debido a que es la primera vez que un ex-mandatario enfrenta juicio por cargos de genocidio. Durante su breve dictadura militar (marzo 1982-agosto 1983), Ríos Montt ordenó una serie de operaciones enfocadas en eliminar el apoyo local a las milicias de izquierda en Guatemala. Éstas también resultaron en las muertes de más de 1700 indígenas. La suspensión del caso no sólo es un insulto para las víctimas que llevan décadas esperando justicia, sino también una bofetada al marco internacional que busca prevenir más actos de genocidio y crímenes contra la humanidad.   

Es por esto que es tan importante para los Estados Unidos y para Guatemala que estos juicios se lleven a cabo bajo la lupa del escrutinio público. La catarsis que viene del proceso legal cura las heridas de las víctimas, a la vez que fortalece las instituciones que el genocidio ha dañado y que el terrorismo busca destruir: la libertad de los ciudadanos y su confianza en el estado de derecho.

La ley es un organismo vivo que crece, evoluciona y se fortalece en base al constante cuidado que nosotros como ciudadanos le damos. Para nosotros los mexicanos, la necesidad de mejorar las leyes y la convicción de hacerlas realidad deben servir de motivación para impulsar las reformas, constitucionales e institucionales, que tanta falta nos hacen. Nos tardamos, pero si quisiéramos preguntarle a La Maestra qué piensa, habría que visitarla en prisión. 

El tiempo juzgará a los culpables por sus crímenes. Ahora nos toca a nosotros no ser culpables de no hacer nada. El tiempo dirá. 

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